martes, 19 de diciembre de 2017

Azul turquesa... como tu alma.

Sigo enfadada.
Muy enfadada.

Y no contigo. Jamás.
Sé que no tienes la culpa de absolutamente nada.

Estoy cabreada con la vida. Estoy muy cabreada.

Ahora mismo tengo miles de nieblas dentro de mí. Aún mi corazón espera a que vengas a recogerme el día 22 a la estación. No doy crédito. Aún no me lo creo.

Te juro que es como un mal sueño. Veo nublado. Siento nublado. Nada parece real.

Me da tanta rabia que haya sido así. Con tantos kilómetros de distancia entre los dos. Con tantas horas que nos debíamos. Con tantas conversaciones, comidas y trayectos en coche por delante. Con tantas historias que recordar...

Sin embargo, al final, sea por lo que sea o por quién sea, no ha sido así.


Me da rabia haber estado tanto tiempo sin verte. Porque ha sido elección mía irme. Y sí, sé que así es la vida. Seguimos adelante con normalidad, tomamos nuestras elecciones y nunca pensamos en el "qué pasaría " o "lo que podría pasar".

Es que te juro que no me lo creo. La última vez que hablamos por teléfono, hace ya semana y media, me preguntaste por la hora de llegada del tren, me contaste cosas de tu día y te reíste.

Es que no te haces a la idea de lo que me cabrea que todo haya sucedido así.

Lo que eramos el uno para el otro. Lo que seremos.

Lo sé. Sé que hay cosas que no se pueden evitar. Sé que muchas veces nos equivocamos, que somos egoístas y orgullosos... Pero sé que superamos cualquier barrera. Que eso quedó en una parte de nuestro camino juntos. Lo que realmente importa es la felicidad que me aportaste todos estos años. Los conocimientos que me infundiste. Las historias que me contaste.

Teníamos una relación muy especial y sabes que te quiero por encima de todo. Y sabes lo que te voy a echar de menos. Que aquí, en la Tierra, seguimos adelante pero por cada paso que doy no dejo de pensar en los que estáis en ese cielo azul. No dejaré de pensar en ti ni en los momentos que vivimos juntos.

Cada vez que intento pensar en la última vez que estuvimos juntos. La última vez que nos vimos. Que nos dimos un abrazo.. Te juro que no me acuerdo. No consigo acordarme de cómo fue, dónde ni cuándo. Yo sólo pensaba en el momento de veros a todos otra vez. Y a ti el primero.  Recuerdo todo tan confuso, tan poco definido...

Sin embargo los recuerdos de cuando era pequeña y de aquellas últimas veces que estuvimos juntos sí los tengo presente y... creo que eso es lo que importa.

No pasa nada. De verdad. Sé que estarás bien. Quiero pensarlo. Pero los que estamos aquí te echaremos de menos a rabiar.

Eras una persona muy buena. Cabezota pero buena. Un alma increíble.   

Y ¿sabes qué? ¿Te acuerdas de aquel día que quise fotografiarte los ojos? Siempre me ha encantado el azul claro que los inundaba.

Ahora, gracias a aquel día, tengo tu alma guardada. Por que ya sabes... la mirada es el reflejo del alma. Un alma azul turquesa.

Gracias por dejarme mirarla siempre que lo necesite.



Te quiero muchísimo abuelo. Muchísimo.  





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