Ahora mismo siento que controlo miles de cordeles. Cada uno hacía una dirección, una persona, una meta o una responsabilidad. Y siento como los cordeles tiran de mí, y se mueven con el viento. Tiemblan. Otra veces no son lo suficientemente fuertes. Parece que se van a romper. Que se retuercen.
Nunca queremos tener responsabilidades. Pero es cierto que ha medida que crecemos, nacen más y más cordeles de nosotros. Es imposible deshacerse de ellos.
Los vínculos con cada persona...Las relaciones que vamos teniendo a lo largo de nuestra vida....Las conexiones. Los sentimientos...
No podemos deshacernos de ellos.
Por eso mismo, debemos cuidar cada paso. Muchas veces, incluso, por tal de mantener un cordel, tendremos que romper otro. Pero es parte de las dificultades. Elegir. Saber elegir lo correcto. Apostar por algo. Apostar por alguien. Luchar y cuidar.
Que difíciles son los cordeles. Y qué difícil es madurar.
LV
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